lunes, 21 de junio de 2010

Mi Lima de ambiente

No voy a lugares de ambiente. Ahora. Antes iba.

La primera discoteca que conocí fue el Voglia, en 1994. Yo tenia 28 años y tenía ya 4 años con mi pareja. Él tampoco había conocido antes lugares de ambiente. Para mí fue toda una sensación. Era Charlie en la Fábrica de Chocolates, quería comérmelo todo. Este descubrimiento generó nuevos frentes de conflictos con mi pareja. Él, 11 años mayor, era más hogareño, y se interesó menos por el nuevo mundo por descubrir. Yo quería, ahora, ir a las discos todos los fines de semana.

Conocí nuevos amigos, que me llevaron a conocer otras discotecas. Conocí el Splash. Conocí esa que estaba en el sótano donde estaba el Cholíbiris. ¿Cómo se llamaba? ¿Studio One? Conocí el Perseo... Bacanes, bonitas, miraflorinas, bueno sanborjina la última, pero igual. La idea era pasarla bien. Tomarse un vodka tonic con los amigos (un vasito o dos para toda la noche, no mucho) y bailar y conversar y hacerle ojitos a alguien que nunca se acercaría y tampoco tu te animarías a acercarte porque claro cada uno andaba con su grupo de amigos. Protegido. Y bueno, así qué difícil que era iniciar algo.

Más tarde, como un año después, conocí las discotecas del Centro de Lima. Ufff. El non plus ultra. O, mejor, el ya no yá. Ahí me di cuenta que amaba la decadencia voluptuosa. Entre las calles oscuras, olientes a orines y a embriaguez, encontré un universo alternativo, fantástico. Como le escuché decir una vez a Naamin Timoyco: ahí están los hombres auténticos. Nada más cierto. Peruanos reales. Gente trabajadora tomando cerveza en la noche de un día difícil, de una semana difícil, de un mes difícil, de una vida difícil. Eran los años de fines de la violencia política y comienzo de la mafia organizada por el chino rata. El Perú empezaba a ordenarse y a pararse, pero los primeros que se beneficiaban era la camarilla estatal y sus amigos.

El otro buen negocio, el honesto, era la diversión por supuesto, la cervecita, licor amargo, que nos hacía olvidar, claro. Y seguro que había mucho por olvidar, porque se tomaba en una noche, en cualquier disco de Lima, lo que se tomaba en un mes en el Perseo. Memorables borracheras he tenido en el Paris, en el Macarena, en el ¿Cómo se llamaba? ¿720?, en el Imperio, en el Sagitario. Y claro, de la preocupación a la despreocupación hay solo un paso, un paso que cruzaba un Rubicón de chelas. Y al otro lado, el hedonismo, el placer, la vida sin prejuicios, el liberalismo sexual. Ese hotel al frente del Macarena, en esa callecita que daba a la Plaza Francia, donde estaba también el Paris, estaba siempre lleno. El Paraiso ni hablar. Pero estás con el hombre más varonil que jamás hayas conocido así que ni de vainas le vas a decir que será para otro día. Alea jacta est. A los hotelitos heterosexuales nomás.

Buenos tiempos... Pero luego te vas desencantando. Te gustan muchos, mucho, pero las relaciones no cuajan. Al final, mi viaje a trabajar fuera de Lima acaba con todo eso. Conocí a alguien que nunca supo ni sabrá quizá lo que es una discoteca de ambiente, y me quedé con él por varios años.

Ya luego las discotecas no me parecieron lo mismo. Sigo yendo de vez en cuando al Paris. Y me gusta ver a tanta gente que conozco de hace tantos años, a mi querido amigo José Luis, a Abelito, a Julio, a Carlitos, con el que tuve lo mas serio de todo en esos años de locura, pucha y a tantos otros que los veo, nos saludamos, pero lamentablemente ya no recuerdo sus nombres. Es que han pasado tantos años. 15 mínimo.

A veces voy también a la Cueva. Me gusta que Teo me salude con tanto cariño. No tengo tantos amigos ya ahí, pero, fuera del Paris, es el otro único lugar de ambiente donde me siento cómodo. Y a veces solo quiero eso, estar cómodo, escuchar buena música y ver a algún amigo. Lástima que no exista ya el Hedonism, o algun bar de ambiente. Quizá hay.

Alguna vez fui a saunas. Al 340. Que para mí era mi casa de citas. Importante servicio a la comunidad. Y lo digo en serio. No conocí el Fuji, en el Centro de Lima, de la época pre Sida. Pero el concepto del 340 me pareció revolucionario. Había ido al Pardo alguna vez o a ese supuestamente heterosexual en el Centro de Lima, entre Lampa y Roosevelt pero en donde siempre se encontraba algo. Y a otros similares más alguna vez que ni recuerdo. Pero todos eran de fachada hetero. Una vez fui al Oupen. Nunca al Tivoli. No es mi nota ir a saunas. Soy del tipo romántico o, más bien, de los que les gustan las cosas difíciles. Alguien me dijo una vez que yo era un cazador, que disfrutaba otear el horizonte, escoger una presa, seguir su rastro, emboscarla...

Hoy para mi el único ambiente que frecuento es el virtual. El Chat de gayperu.com es el que mas uso. Mi perfil de gaydar.com tiene ya ahí muchos años. Aunque lo he cambiado varias veces. Y, antes, como no sabía cambiar de nombre del perfil, y me creaba otro, acabé teniendo 3 perfiles. A los 3 entro de vez en cuando. He pasado por varias de esas páginas creadas con ning.com: Gays Peruanos, Osos Peruanos, Osos Mayores, Osos Blancos, de lo Bueno Poco, y varios más. Pero nunca me quedé mucho tiempo. Tengo perfiles en BearCity, en Sonico, en Facebook, en Hi5, en Tagged, en Sexy o No, y en varios que ni me acuerdo ni los reviso. Pero están ahí. Empecé a crearlos hace años, a todos los que me invitaban me suscribía, y ahí se fueron acumulando. Algún día debería hacer una limpieza en internet de todo lo que puse en algún momento. En general quiero ir dejando eso. Quiero conocer gente real. Carambas, pero es tan cómodo quedarse en casa...



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por que no:)

Cesar Castillo dijo...

Quiza no soy tan mayor como puede parecer aveces, pero si tuve laoportunidad de conocer el Fuji,la Salud por colmena cerca de la plaza 2 deMayo, de verdad q esos recuerdos son parte de la prehistoria gay limeña, comom tu dices epoca pre sida.
Muy bueno el post